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25 de noviembre, Día del Marino Mercante.

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Este año se conmemoraron 208 años de la fundación de la Escuela Nacional de Náutica "Manuel Belgrano". Y como todos los años, conforme a su mandato, la convocatoria partió desde la propia Escuela.

Las palabras alusivas estuvieron a cargo del Director de la Escuela de Náutica, M.N.S. Roberto Pierini. Luego, El Director de Transporte Fluvial y Marítimo, Capitán de Ultramar Sergio Dorrego, el Subdirector de Educación Naval, Ricardo Schreder y el Director de la Escuela Nacional de Náutica, Roberto Pierini colocaron una ofrenda floral ante el mausoleo del Dr. Manuel Belgrano, finalizando el acto con la correspondiente misa.

El Centro de Capitanes de Ultramar y Oficiales de la Marina Mercante hace llegar a los marinos mercantes argentinos en general y en particular a sus afiliados un afectuoso saludo en su día, con la convicción de trabajar día a día por una marina mercante de transporte y pesca al servicio de la Nación.

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Texto completo del discurso del Director de la Escuela Nacional de Náutica.

"El objeto de mantener vigentes en la memoria los fundamentos de nuestra existencia institucional, es el principio que nos guía a organizar el acto que hoy nos reúne, y que dada la trascendencia y emotividad que para nosotros tiene, me adelanto a agradecerles a todos su presencia acompañándonos.

Del calendario ceremonial de nuestra Escuela, es el 25 de noviembre, sin dudas, el día más importante, ya que se trata de un nuevo aniversario del nacimiento de la misma, completando 208 años desde su creación, siempre dedicada al mejor servicio hacia lo más delicado de nuestra sociedad: la juventud. Aplicándonos a la formación en valores y a la difusión del conocimiento científico.

Esta misión que intentamos llevar adelante con toda convicción nos fue legada por uno de los hombres más brillantes e indiscutidos de nuestra historia nacional: Don Manuel Belgrano.

Al fundar nuestra escuela soñó con dotar al país de jóvenes oficiales de la Marina Mercante excelentemente preparados y capaces de asumir la vital responsabilidad de transportar los frutos de nuestro trabajo hacia el mundo entero y servir a la Patria en el ejercicio concreto de los Intereses Marítimos Nacionales en tiempos de paz, adiestrados al mismo tiempo, para colaborar con la defensa de la Nación cuando esta lo reclame.

Es motivo de indisimulable orgullo, constatar que, en el tercer siglo de servicio, la Escuela continúa cumpliendo con esa trascendente misión en beneficio general de la Argentina y su gente. Es, asimismo un desafío, continuar mejorando, adaptándonos a las nuevas tecnologías, sin perder nuestra identidad, esto es: las tradiciones y características que nos hacen lo que somos.

Desde los tiempos de oro de la Marina Mercante, pasando por el vendaval de su desmembramiento irracional, y llegados a un presente en que la necesidad de oficiales mercantes y el lento pero progresivo aumento de la matricula nacional, nos comprometen a continuar la tarea con mayor ahínco, una sola cosa no cambió: nuestra convicción de estar trabajando seriamente, verificando que la labor daba frutos concretos y beneficiosos.

Siendo conscientes del aporte que la Marina Mercante ha hecho siempre al progreso de nuestra nación, así como del perjuicio ocasionado por su carencia, y contestes con nuestra doctrina fundacional, no cesaremos de promover la necesidad de volver a contar con una flota mercante -marítima y fluvial- de bandera, que asegure el transporte de los frutos de nuestro país, así como de los elementos que hacen a nuestras necesidades estratégicas nacionales.

No perdemos de vista que, conforme fueron asentándose estas nuevas teorías que privilegian el lucro por sobre el desarrollo social y tecnológico, el individualismo por sobre la solidaridad y lo superfluo por sobre lo esencial, nuestra sociedad retrocedió.

Párrafos separados merecen dos situaciones singulares: La primera es la desaparición de quien, en vida, fue nuestro último Director, el capitán de ultramar Armando Luis Grosso, fallecido en ejercicio de su función, el pasado domingo 28 de octubre, a quien recordaremos permanentemente, y por cuya alma rogaremos en la ceremonia litúrgica que seguirá a este acto.

El segundo es el regreso de la Escuela Nacional de Náutica a su histórico emplazamiento vecino a Dársena norte. Durante los cien años que mediaron entre 1900 y 2001, aquel fue el sitio donde millares de jóvenes cursamos nuestra carrera. Allí la vimos crecer, desde la vieja "Universidad de Lata", pasando por el primigenio edificio propio, levantado en 1946, hasta su modernización llegada de la mano de la Organización Marítima Internacional a finales de los ´70.

De allí, nos fuimos en 2001, nos esforzamos por adecuarnos a la nueva situación, en la consciencia de que era un nuevo desafío a nuestra creatividad, a nuestra capacidad de adaptación y de cumplimiento de la misión asignada. Ello no era obstáculo para que en nuestro corazón continuasen latiendo las vivencias juveniles de la "Vieja Escuela" de Retiro.

Un hecho político inconexo con nuestra actividad, fue el catalizador de nuestro mayor anhelo: Regresar a la Escuela Nacional de Náutica, completamente remodelada y adaptada a las más altas exigencias edilicias.

Con una emoción que no logramos ni deseamos ocultar, podemos hoy adelantar que el próximo año lectivo, comenzaremos la actividad en el sitio de donde la mayor parte de todos los marinos mercantes que hoy estamos aquí reunidos, hemos cursado nuestra carrera. Es en ese sentido un acto de justicia expresar a las autoridades nacionales, nuestro más profundo agradecimiento por la elevada consideración en que se ha tenido a la Escuela Nacional de Náutica, resolviendo invertir lo que fuera necesario para dotarla de un edificio acorde a sus necesidades. Y que ese edificio fuera el nuestro.

Creemos que es este el momento propicio para el reconocimiento a los Marinos Mercantes que, dispersos por el mundo, se encuentran ejerciendo honradamente nuestra profesión. Que su trabajo abnegado y fecundo sea también un gesto, en homenaje al gran Manuel Belgrano.

Por último nuestro agradecimiento y compromiso profundo para con el hombre cuyos restos descansan en este mausoleo, padre de nuestra argentinidad y de cuyo legado nos consideramos, responsablemente, sus legítimos herederos."

Centro de Capitanes