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El Centro de Capitanes rindió homenaje a los caídos y veteranos de Malvinas

En el marco de la conmemoración del 2 de abril, Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas, el Centro de Capitanes de Ultramar y Oficiales de la Marina Mercante realizó un acto institucional encabezado por el Presidente del Centro, C.U. Jorge Tiravassi, con la participación de veteranos de guerra, el anfitrión planteó dos ejes centrales. Por un lado, la necesidad de honrar la memoria de quienes entregaron su vida por la patria, recordando especialmente a los marinos mercantes caídos durante el conflicto. Por otro, destacó el rol de la Marina Mercante como herramienta concreta de soberanía, no solo en términos geográficos sino también comerciales, en un contexto donde ese valor tiende a ser minimizado.

La conducción del acto estuvo a cargo de Eduardo Baglietto, quien presentó la jornada bajo el concepto “Héroes de acero y sal”, resaltando la participación decisiva de la Marina Mercante en la gesta de Malvinas. A lo largo del encuentro, los testimonios aportaron una mirada directa sobre lo vivido.

Marcelo Gustavo Aceto, ex suboficial de la Armada, reconstruyó su experiencia a bordo del destructor ARA Santísima Trinidad durante la Operación Rosario. Su relato recorrió desde la incertidumbre inicial de una navegación sin destino claro hasta el momento en que la tripulación toma conocimiento de la misión. La llegada a Malvinas, el desembarco y la imagen de la bandera argentina flameando marcaron un punto de quiebre personal y colectivo que, según sus palabras, permanece intacto hasta hoy.

José Cruz, infante de marina, llevó el eje hacia la dimensión más humana de la guerra. Relató su experiencia en la sección de perros de combate, el vínculo con su compañero y las decisiones tomadas en un contexto extremo. Su testimonio estuvo atravesado por una idea central, que pelearon por amor, amor a la patria, a lo aprendido en la familia y en la escuela, a los valores que los formaron. En ese marco, compartió uno de los momentos más significativos de su historia, el hallazgo de una bandera argentina en medio del conflicto, rota, sucia y marcada por la guerra. La tomó, la besó y decidió preservarla, entendiendo que una bandera no se abandona. Desde entonces se reconoce como su guardián, dándole a ese gesto un sentido que trasciende lo individual y se proyecta como compromiso colectivo.

Héctor Nazaralet abordó el concepto de “malvinizar”, poniendo el foco en la transmisión hacia las nuevas generaciones. Señaló la importancia de que el tema no quede reducido a una consigna emocional, sino que se comprenda en profundidad, incorporando sus fundamentos históricos, geográficos y jurídicos. En esa línea, planteó que el desafío actual no es solo recordar, sino formar ciudadanos capaces de sostener el reclamo desde el conocimiento.

El cierre estuvo a cargo del C.U. Sergio Dorrego, quien centró su exposición en el rol de la Marina Mercante durante el conflicto. Detalló la participación de más de 30 buques en tareas logísticas, de abastecimiento, transporte e inteligencia y destacó que sus tripulaciones, en su mayoría civiles, se sumaron de manera voluntaria al esfuerzo bélico. Recordó a los marinos mercantes que perdieron la vida y remarcó que su accionar estuvo marcado por el coraje, el profesionalismo y un compromiso que no admitía condiciones.

El acto concluyó con la entrega de reconocimientos y un momento final de fuerte carga simbólica, en el que se compartió tierra traída desde las Islas Malvinas por el ingeniero Jorge Bertolino, quien años atrás realizó una travesía en velero hasta las islas. Un gesto simple, pero profundo, que acercó físicamente aquello que sigue siendo parte central de la memoria colectiva.
La jornada dejó una conclusión simple. Malvinas sigue presente en quienes la vivieron.